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Cruzar el Atlántico a remo

Pedro Ripol cruzó en remo el Océano Atlántico durante dos meses en una pequeña barca de 7 metros de eslora

Pocos pueden presumir de una hazaña parecida, Pedro Ripol y Francisco Korff cruzaron en remo el Océano Atlántico durante dos meses en una pequeña barca de 7 metros de eslora.

Dos meses cruzando el Atlántico en remo, sin ningún tipo de asistencia y enfrentándose a las inclemencias de la naturaleza. Esta es la aventura que llevaron a cabo Pedro Ripol y el chileno Francisco Korff en 2001.

Zarparon desde el sur de la isla de Tenerife hasta el mismísimo Caribe, en Barbados, emulando la travesía que en el siglo XV realizó Cristóbal Colón. Una apasionante aventura de 2.835 millas, es decir 5.250 km, en una pequeña barca de 7 metros de eslora, que duró 61 días, 15 horas y 29 minutos.

`Ya sabía yo que en avión era más fácil´ es el libro que recoge esta proeza de un reto que ningún otro español ha superado hasta el momento y que en su día contó con el Patrocinio Honorífico de S.A.R el Príncipe de Asturias. Y es que Ripol, siempre había tenido en mente la realización de un reto apasionante y de superación personal y la idea le vino de repente, sin pensarlo. Un día, mientras visitaba el Salón del Mueble de Santa Cruz de Tenerife, un stand le llamó la atención.

En él una señora inglesa vendía ventiladores  pero no fueron éstos los que despertaron su idea, sino una foto de una embarcación transoceánica a remo, “me quedé absorto mirando la fotografía y la mujer me dijo que si quería remar por el Atlántico. Enseguida contesté que sí. Y ahí empezó todo”, declaró el osado aventurero a diferentes medios de comunicación.

La elección de esa precisa ruta, que coincide con la que realizara Colón en busca del nuevo mundo, fue por seguridad, ya que se trata de la que menos peligro conlleva para aquellos que decidan cruzar este océano a remo o a vela.  Evitando la época de huracanes, decidieron coger la embarcación Marta II, realizada en chapa marina y fibra de vidrio, prácticamente insumergible y emprender el viaje.

A bordo, paneles solares que cargaban dos baterías gracias a las cuales hacían funcionar la desaladora –para poder beber- y el ordenador, desde el cual enviaban las crónicas y las fotos de la hazaña. Comían ocho veces al día, una cada tres horas (una dieta compuesta por un 65% en glúcidos, un 25% en lípidos y un12% de proteínas, además de suplementos en vitaminas y minerales). ¿El momento más duro? la visita del huracán Olga, dónde tuvieron que competir con olas de hasta siete metros.

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Sergio Delgado – redactor de www.alasviajeras.com