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“El gran Machu Picchu se levantó frente a nosotros”

Cuando hablamos de Machu Picchu solemos imaginar un paisaje desolador de montaña, donde reina el frío y las condiciones inestables. Pero ¿selva?, eso sí que no lo sabía, seguramente en mi ignorancia de no indagar mas a cerca de la región que rodea el sitio arqueológico.

Por la mañana nos despertamos y luego de desayunar, iniciamos el camino de jungla hacia Machu Picchu pueblo. Nueve horas nos separan de la meta y largas caminatas con senderos de subidas y bajadas, que van bordeando las laderas montañosas, atravesando terrazas de sembrado, casas de gente local y ríos, entre otras cosas. Las plantaciones de coca y café son frecuentes ya que como nos contaba la guía, es más redituable para los lugareños sembrar esta clase de plantas, que cargar los pesados frutos de mango, guanábana, o banana para poder venderlos en el pueblo.

Este sendero forma parte de una de las redes de caminos más extensa del mundo, me atrevería a decir, si bien no es el camino del inca que todos estamos acostumbrados a escuchar, por donde atravesaba el mismísimo rey inca cuando iba desde Cuzco hasta el Machu Picchu (sede espiritual), sino que es uno de los tantos por donde circulaba la gente común, de menor rango, hasta incluso los mensajeros que corrían de meta en meta llevando sus noticias.

Hasta aquí fueron seis horas de mucho calor, humedad y caminata dura, hasta que llegamos al punto donde nos brindan un rico almuerzo. Finalmente llegamos a Cocalmayo en Santa Teresa, donde desde arriba podemos observar unas lindas piletas transparentes de agua termal que nos llaman como un oasis a un pobre deambulante del desierto. Las piernas y la energía han llegado a su límite y lo único que atinamos a hacer es a meternos de cabeza en esas piletas que nos masajearon por una hora los músculos tensos y agarrotados de todo un día de caminata.

La Luna aparece mientras el sol baja lentamente y yo miro a Erika, quien se encuentra al lado mío, descansando sobre el mismo cerro que desciende y se incrusta en un lado de la piscina y pienso, gracias por esta compañía, gracias por la mujer que acompaña mis sueños y sigue mis pasos con firmeza mientras avanzo a paso firme para no perdernos del grupo. La hora de relax termina y ofrecen llevarnos hasta el hostal de Santa Teresa en una kombi por cinco soles o sino caminar cuarenta y cinco minutos más.

Aquí, una kombi nos recoge (el precio incluido en el paquete, nada de cinco soles mas) y nos lleva hasta Hidroeléctrica, punto desde el cual luego de almorzar partimos en caminata rumbo al último destino, Machu Picchu Pueblo o Aguas Calientes. Arrancamos por un caminito de ripio que va por el costado de las vías del tren

A las 4.15 am comenzamos a caminar hacia la entrada al sitio arqueológico, allí nos detuvimos una media hora hasta que a las 5.10 am abrieron las puertas del puente que cruza el caudaloso río Urubamba. Ahora sí, desde aquí solo queda una hora de subida y allí esta, el grandioso santuario, esto es todo, en este punto me sentí como cuando en el Titanic ya sabían que quedaban unos minutos para evacuar y luego se vendría la gran máquina a pique hasta el fondo del profundo océano. En este momento me quedaba una hora, una hora de éxtasis hasta que mis ojos finalmente vieran la postal que todos conocemos.

Esa mañana camine junto a Erika, y con el sudor en la frente y las piernas agarrotadas, finalmente dimos la vuelta y allí estaba, el gran Machu Picchu se levanto frente a nosotros,  luego de tantas horas, de todos esos días de lucha contra la ansiedad, la postal se presento frente a mí, como cuando era pequeño, pero esta vez no era un sueño, esta vez no era un libro, ni un documental, esta vez era real.”

Paul & Erika www.viajesindestino.com