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27 días en cruzar el Atlántico en canoa

Un arquitecto húngaro de 30 años y amante de los desafíos en alta mar, quiso conseguir tal hazaña y lo consiguió. Como regalo, su nombre ya aparece en el Libro Guinness de los Récords.

La fuerza de voluntad y la propia superación son, muchas veces, las bases para lograr un objetivo en concreto. Al menos, estas han sido las cualidades que el arquitecto húngaro Gábor Rakonczay ha dicho tener en cuenta a la hora de iniciar su aventura que, a tenor de los resultados, ha sido todo un éxito. Y es que este joven de 30 años, aventurero de pro, quiso entrar en el Libro Guinness de los récords y lo consiguió. Tardó 27 días en cruzar el Atlántico en canoa y sin apoyo de ningún tipo. Toda una hazaña. Y lo hizo montado en la bautizada como Vitéz, una embarcación de 7 metros de eslora y 1,20 metros de manga dotada con una quilla de contrapeso que le permitió navegar con una gran estabilidad y, además, impedir así el vuelco de la misma ya que en el supuesto caso de que la embarcación se desestabilizase por cualquier circunstancia, volvería rápidamente a su posición original, por lo que no existía riesgo de hundimiento.

¿Cómo ha podido sobrevivir tantos días en alta mar? gracias a alimentos enlatados, barras energéticas, vitaminas, suplementos alimenticios y chocolate, que le han permitido remar entre 14 y 16 horas diarias y durmiendo, a la deriva, durante seis. La única ayuda ha sido la ofrecida por parte de Viktoria, su esposa, que le narraba diariamente el parte meteorológico vía satélite. También le han valido los consejos de su compatriota húngaro Nándor Fa, famoso regatista y diseñador de la propia canoa de Rakonczay. En total, 5.000 kilómetros desde Laos, en Portugal, hasta el Caribe remandado cada día una media de 68 kilómetros y con una única escala en el muelle deportivo de Las Palmas de Gran Canaria a los 16 días de su travesía.

No es la primera vez que este arquitecto decide aventurarse en un viaje similar. En 2008 ya cruzó el mismo océano Atlántico pero en velero. Confiado en su experiencia con el viento y las corrientes marinas, la afición de éste viene de lejos, de su época de estudiante, “me encantaba el mar, conseguir lo imposible y desafiar mi fuerza física”, declaró. Al conocer que una deportista francesa iba a realizar una travesía transoceánica similar, decidió probar fortuna aun reconociendo que su estado físico no era el del perfecto deportista y que esto le podía limitar, algo que finalmente no ha sucedido, “no tengo los brazos ni el cuerpo atlético de los deportistas que practican la disciplina del remo, pero sí la constancia en el esfuerzo, una firme voluntad y, sobre todo, un gran poder de mente, que me permite superar la soledad y el duro trabajo diario”, confió. Rakonczay ha contado con el apoyo de numerosos patrocinadores de su país y la soledad ha sido uno de los pocos peligros a los que, dice, haber hecho frente.

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Sergio Delgado – redactor de www.alasviajeras.com