Saltar al contenido

Un asturiano, el primer hombre en cruzar la Antártida en bicicleta

Juan Menéndez desecho la idea de realizar estos 1.200 km sin ningún tipo de ayuda externa. Al final, 47 días de bajísimas temperaturas, principios de congelación e incluso hambre.

“No dejéis de ser felices y no dejéis de perseguir vuestros sueños”. Con estas palabras el aventurero asturiano de 30 años, Juan Menéndez iniciaba toda una aventura y conseguir con ella un récord: ser el primer deportista en cruzar la Antártida en bicicleta y sin ayuda de absolutamente nadie. Y lo consiguió.

Un frío viaje de 1.200 kilómetros con temperaturas extremas y fuertes ventiscas realizado entre diciembre de 2013 y enero de 2014, que consiguió realizar en 47 días, dos días más de lo previsto. Y compitiendo con un duro contrincante, el americano Daniel Burton que decidió hacer el mismo viaje y del mismo método, eso sí éste con ayuda externa a modo de tres paquetes de provisiones lanzados durante su trayecto desde una avioneta.

Menéndez partió el 3 de diciembre arrastrando en su pulka una carga de más de 80 kilos compuesta por alimentos, combustible, recambios para su bici, tienda de campaña, dos sacos de dormir, esquíes, hornillo… y lograría alcanzar la meta con la mitad de dicha carga, la cual fue desprendiendo por el camino.

Su llegada al polo Sur también ha coincidido con la llegada de otro equipo, la del británico Antony Jinman, que también tardó 47 días en concluir su aventura aunque acompañado de dos drones que han permitido documentar desde el aire su viaje con fines científicos.

La travesía de Menéndez ha sido dura e incluso por una parte frustrante, tal y como ha comentado, ya que no ha logrado recaudar los 80.000 euros invertidos en este reto ya que su campaña de micromecenazgo acabó sin poder captar los fondos necesarios teniendo que recurrir con ello a un crédito.

En sus primeros días el mal tiempo apenas le dejaba avanzar, pero poco a poco fue cogiendo ritmo. “Ya voy avanzando una distancia más o menos regular. Aquí los errores se pagan muy caros”, comentaba durante las primeras jornadas. Errores tales como dejar las manos al aire demasiado tiempo o no curarse algún principio de congelación. Aunque lo más duro, comentó, es el hambre donde llegó incluso a llegar muy justo de comida y racionándola pese al duro esfuerzo diario de trabajo.

Días de nubes bajas y nieblas muy intensas, viento con rachas de más de 60 km/h y nieve muy blanda que se hicieron especialmente duras en las últimas horas del viaje, donde tardó 9 horas en hacer los últimos 20 kilómetros hasta llegar a una base junto a estación Amundsen-Scott de EE.UU desde la base de Hércules donde partió mes y medio mes antes.

Sergio Delgado – redactor www.alasviajeras.com