Saltar al contenido

El enigmático recorrido del río Nilo

Tras el Amazonas, el Nilo es el segundo río más largo de todo el mundo. Y también uno de los más antiguos. En sus orillas, se han levantado civilizaciones enteras y ha sido vital para la prosperidad de Egipto durante toda su existencia.

Ha sido testigo omnipresente del paso del tiempo, de la lucha de las civilizaciones y la transformación de las sociedades. El río Nilo es uno de los más enigmáticos y famosos del mundo, donde gracias a sus 6754 kilómetros también ha sido la vía principal del transporte y el comercio de países como Egipto. Plató de diferentes películas basadas en antiguas civilizaciones de pirámides y sarcófagos, el Nilo no solo es una de las caras históricas más famosas de este país. Cruza gran parte del este del continente africano pasando por países como Uganda, Sudán del Sur, Sudán, Ruanda, Tanzania, Kenia, Etiopía, Burundi, la República Democrática del Congo y Eritrea.

Este río, que se formó en la Era Terciaria, fue fundamental para el desarrollo del Antiguo Egipto, antes de la existencia de muchos de estos países. Sus valles, como el del Nilo o el del Delta, agrupaban la mayoría de las ciudades de este territorio y es que la desertificación de esta región del continente africano -que posteriormente dio paso a la creación del desierto del Sáhara 8.000 años antes del nacimiento de Cristo- propició una oleada de personas hacia las orillas del río para poder subsistir gracias a la agricultura y la ganadería. Sus tierras han sido tremendamente fértiles ya que, según los diferentes escritos hallados, éste se desbordaba cada año y era el faraón de turno el responsable de ello. A parte del pescado y el papiro, el lino, el trigo y la cebada eran habituales en estas tierras, lo cual evitaba que su población padeciera hambrunas, algo corriente en el Próximo Oriente. Los persas introdujeron los camellos, que no tardaron en acomodarse en sus proximidades sirviendo como método de transporte o criados para poder comer carne.

El Nilo se convirtió en una vía fluvial no solo como transporte comercial donde Egipto podía exportar sus productos, alimentar a su población y, de paso, mantener a su ejército, también como zona recreativa para sus vecinos. Y es que la cuenca hidrográfica del Nilo comprende 3.254.555 kilómetros cuadrados, aproximadamente el 10% de la superficie de África y posee dos grandes ramales, el Nilo Blanco, que nace al este de África, y el Nilo Azul, que surge en Etiopía. Ni griegos, ni romanos, ni exploradores europeos han dado con la preciada “fuente del Nilo”, el origen del mismo, aunque según diferentes escritos parece que fue el jesuita español Pedro Páez en el siglo XVII quien más se acercó a ella, situándola en Etiopía. No obstante, y aún hoy en día, las expediciones continúan abiertas sin llegar a un acuerdo sobre ello. Hoy en día, pobladas ciudades como El Cairo y Guiza (Egipto) y Jartum (Sudán), aún residen en sus orillas, aparte de otras mucho menos pobladas que siguen confiando en la fertilidad del misterioso río que, a día de hoy, sigue levantando polémicas entre los diferentes países por los que pasa que critican a Egipto de dominar los recursos de sus aguas.

 Vídeo

Sergio Delgado – redactor de www.alasviajeras.com