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El hombre que vive en una isla de plástico

Abandonó su frío Londres hace ya quince años en busca de crear su propia isla artificial y lo logró. Actualmente se encuentra afincado en un extremo de México, colindante con Centroamérica y mantiene su invento gracias a una base de 100.000 botellas de plástico.

Estaba cansado de su anterior vida y de los días nublados que le tocaba vivir en su Richmond natal, una fría ciudad de las afueras de Londres. Lo tenía todo, grandes amigos, una casa estupenda, una mujer e incluso hijos pero no era feliz. Siempre había querido vivir en una isla, los años corrían y su sueño debía hacerse realidad. Y dicho y hecho. Dando vueltas por internet, pensó que el clima de México sería el ideal para poder llevar a cabo la idea de su “isla artificial”.

Richard Sowe un carpintero de 44 años con nociones en albañilería, decidió emprender su proyecto y formar lo que él llama como su “jardín del Edén” particular. Y ya van 16 años viviendo de tal manera. Decidió coger lo básico e irse a Puerto Aventuras y a Zipolite en Oaxaca, pero sus intentos de crear su propio hábitat no resultaron todo lo satisfactorios que él deseaba. Hasta que finalmente su destreza en la técnica y las condiciones del lugar, le llevaron a Quintana Roo, al este de la Península de Yucatán, en la misma frontera con Centroamérica.

Richart, como él mismo se ha rebautizado haciendo un juego de palabras entre su nombre y la palabra arte en inglés, pudo llevar a cabo su isla a base de madera en el 75% de su extensión. Sin embargo se le conoce como la isla de plástico ya que cerca de 100.000 botellas sustentan su base para que esta no se hunda en las inmensidades de la laguna interior de Isla Mujeres donde se halla. Diferentes recuerdos personales y telas de colores son algunas de las pocas pertenencias con las que Richart convive ahora a sus 60 años.

Considerado por algunos vecinos como un excéntrico más, Richart ha conseguido aprender español y dedica su día a día recolectando plástico y madera para asegurar la estructura y los cimientos de su casa, que puede ser vista por los lujosos yates que merodean por la región. A él le da igual, es feliz, “se trata de una isla completamente autónoma, donde he creado las condiciones naturales para que crezcan árboles, plantas y hortalizas para que al final se integre completamente a la naturaleza, sin generar ningún tipo de contaminación”.

Antes de llevarla a cabo y con la finalidad de coger ideas, visitó Xochimilco cuyos pobladores primigenios también fabricaron una ciudad flotante, con canales navegables. ¿Y que más detalles tiene su casa? posee un horno de espejos que colecta la energía solar, en el techo hay un colector de agua de lluvia que surte del líquido necesario para llenar las duchas refrescantes que salen de conchas de caracol convertidas en grifos para lavabos y regaderas, una letrina ecológica donde desechos se mezclan con plantas hasta convertirse en composta para nutrir la tierra en la que cultiva hortalizas y para cocina tradicional utiliza una estufa de gas.

Sergio Delgado – redactor www.alasviajeras.com