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La historia de Steven Callahan, un superviviente del mar

Aunque estudió filosofía, Steven Callahan siempre supo que el mar sería su vida, que haría un sinfín de viajes por todos los mares que él quisiera y que navegaría por cuantos más mares mejor. Pero no contó que su querido mar, podía también marcar el fin de su vida. Tras enrolarse como ingeniero naval, Callahan decidió incluso construir sus propias embarcaciones para surcar los mares y cumplir su sueño.

A principios de los años 80, Steven Callahan decidió empezar la travesía de su vida. En 1981 salió desde la costa este de los EEUU, desde Rhode Island tripulando su mejor barco, Napoleon Solo. Una embarcación donde puso todos sus conocimientos sobre diseño de barcos y que le permitiría ir hasta las islas Bermudas, su primera parada. Todo iba bien, muy bien. Al llegar a Bermudas recogió a un amigo suyo y decidieron cruzar el Atlántico realizando la travesía que siglos atrás habían realizado los mismos colonos y llegaron a Inglaterra.

Tras descansar durante un par de días y con su amigo ya establecido en tierras inglesas, Callahan echaba de menos el mar y decidió partir desde el puerto de Penzance pero esta vez hacia el sur del continente europeo. Llegó a España, en concreto a las costas de La Coruña. La costa da norte está caracterizada por sus aguas bravas que causaron diferentes contratiempos a Napoleon Solo. Callahan tuvo que parar y reparar los desperfectos. Eso sí, echaba de menos vivir en el mar. Y tras otro par de días en tierra, volvió a ella. Steven bordeo la costa de Portugal y paso también por Madeira, tierra soñada por navegantes.

Su llegada a las Islas Canarias tuvo como objetivo abastecerse de alimentos para proseguir su vida en el mar. Y decidió cambiar de rumbo. El lado este del Atlántico ya había sido surcado por el intrépido marino y decidió dirigirse hacía Antigua. Ya llevaba un año surcando los mares en solitario. Sin embargo el 5 de febrero de 1982, el mar, su mar, casi acabaría con su vida y es ahí cuando empezó su pesadilla. Napoleón había soportado muchas inclemencias pero ahora un pequeño agujero ocasionado por una pequeña tormenta amenazaba con hundir la barca y hacerle no llegar al continente americano.

El bote de salvavidas fue la salvación de este marinero intrépido. A él, hecho todo cuando pudo como un saco de dormir, un kit de primeros auxilios, agua, arpones, mapas de navegación… y tuvo que pescar para sobrevivir. Steven Callahagan estaba a la deriva, había visto algunos barcos pero ninguno reparó en su presencia. Y así durante 76 interminables días hasta que una noche, en medio del sueño, avistó una isla, avistó una civilización. Era la isla de Guadalupe y por la mañana un pescador lo encontró. Había perdido un tercio de su peso pero la aventura le sirvió para escribir libros de supervivencia y, cómo no, seguir reforzando sus conocimientos en la construcción de barcos. Callahan, aseguraba, volvería al mar.

Sergio Delgado – redactor www.alasviajeras.com