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La primera mujer en atravesar sola el Atlántico

Tardó más de tres meses pero pudo completar su viaje desde Argentina hasta Portugal. Soportó grandes inclemencias metereológicas pero puedo completar su viaje pese a quedarse sin motor y soportar olas de hasta cuatro metros.

Aurora Canessa siempre había sido una mujer intrépida y luchadora, amante de los retos imposibles. Y un buen día, pensó en el que sería el mayor de todos ellos, algo que ninguna otra mujer había conseguido antes y también pocos hombres, cruzar sola el océano Atlántico. La duda era, ¿cómo hacerlo? Y ya puestos a arriesgar, eligió una de las formas más complicadas, en un velero y en época de grandes tormentas.

Canessa, de 66 años, ya era una vieja conocida de las aguas. Había recorrido el Río de la Plata y también había ido desde su Argentina natal hasta las Islas Malvinas pero cruzar los más de 9.000 kilómetros que separan Buenos Aires de Cascais, en Portugal, era todo un reto. Y su velero Shipping iba a ser su único acompañante, aparte del clásico de Félix Luna, El 45, como única obra literaria para poder hacer frente a las tantas horas de soledad en el mar.

Sabía que el tiempo iba a ser malo, pero allá que se aventuró. Y no lo pasó nada bien. Su motor se rompió debido a que quedó enganchada en alguna red de algún pescador abandonada a su suerte en el mar.

Y justo cuando vientos de 80 kilómetros por hora y olas de cuatro metros la empujaban de un lado a otro. Confiesa que se asustó mucho, y se refugió dentro del velero comiendo semillas y tirada sobre una colchoneta con la adrenalina a tope, esperando que el tiempo parara su furia.

Solo contaba con un teléfono vía satélite como único medio de comunicación con sus seres queridos y con aquellos que seguían su expedición. Y al final, logró hacer su primera escala en las Islas Bermudas, eso sí con cuatro kilos de menos de peso y muchos moratones por su cuerpo.

Arregló los desperfectos y siguió su periplo hasta tierras lusas, “soy buzo, pero no puedo tirarme al agua a arreglar el motor por las olas enormes y el viento que hay. Sería suicidarme y la verdad, no tengo ganas”, bromeó Aurora y añadió la reflexión, “el único pez que no nada contra la corriente es el que está muerto”.

Para Canessa, esta travesía significó una gran prueba de resistencia emocional donde, asegura, ha salido fortalecida.

Sergio Delgado – redactor www.alasviajeras.com