Saltar al contenido

La Roque-Gageac, a los pies del río Dordoña

Dicen de él que es uno de los pueblos con más encanto del sur de Francia y a juzgar por sus increíbles paisajes, está afirmación bien podría ser cierta. Está situada en la región de Aquitania, concretamente en el departamento de Dordoña.

La Roque-Gageac  se levanta sobre un caudaloso acantilado en una zona rodeada de verde naturaleza y habitada desde tiempos prehistóricos, tal y como han puesto en evidencia las cuevas encontradas a su alrededor y que se han logrado conservar casi intactas. A orillas del rio Dordoña y con un clima aún más cálido del que puede hacer gala esta parte del país, apenas 400 habitantes disfrutan de la bella estampa que ofrecen sus calles empedradas y sus bastas casas de tejados oscuros que otorgan a La Roque-Gageac una armonía y un ambiente casi medieval para el que parece no pasan los años. Y es que la vida de este estrecho pueblo galo, donde pocos metros separan la orilla del rio del límite de la montaña que lo custodia a sus espaldas y donde en medio parece amontonarse sus casas, es tan discreta como misteriosa.

De la época romana, La Roque-Galeac conserva vestigios de una antigua vía y un pozo. La pesca fue durante siglos el modo de vida de sus habitantes, hoy privilegiados tesoreros de un pueblo con encanto que ve aumentar cada año su número de turistas. Los vikingos llegaron a este tranquilo municipio y dejaron para la posteridad fuertes levantados por los habitantes de La Roque-Galeac con el objetivo de defender la belleza de su pueblo. Hoy en día, las ruinas del antiguo castillo señorial de los obispos, que llegaron a controlar la autonomía del lugar en época medieval, los restos de una antigua muralla defensiva y la iglesia a 1,5 km de distancia datada del siglo XIV, son alguno de los lugares de especial interés de este pueblo galo.

Sus estrechas calles esconden típicas brasseries francesas, edificios de ventanas de madera terminados de forma puntiaguda y almenas en lo alto de muchas de sus edificaciones, una moda que se acentúo en la zona después de la Guerra de los Cien Años entre los siglos XIV y XV. El Renacimiento volvió a traer un florecimiento en el ambiente no solo cultural sino arquitectónico de la zona pero antes la tranquilidad y el ambiente bucólico de La Roque-Galeac llamó la atención de numerosos burgueses y nobles que lo eligieron como lugar de residencia, entre ellos intelectuales, escritores y filósofos. Jean Trade,  amigo de Galileo y Copérnico y fiel apoyo de las teorías de éstos, nació en este municipio. Ah, y visita obligada es también su jardín tropical cultivado por parte de uno de sus vecinos pero que se ha convertido en una parada obligatoria como un oasis en medio de este lugar con encanto.