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Albert Casals, la vuelta al mundo en silla de ruedas

Pasar una infancia entre hospitales a causa de una leucemia le hizo a Albert Casals replantearse su vida. Una vez curado, aunque postrado para siempre en una silla de ruedas, y aunque era menor, decidió recorrer el mundo para encontrar el significado de la vida.

En ocasiones, padecer una grave enfermedad hace que mucha gente vea la vida con diferentes ojos. El pensamiento general de que quedan muchas cosas que hacer y que ver por el mundo, y el deseo de recuperarse van unidos a las ganas de realizar todo aquello que se ha dejado escapar con el paso de los años. Algo similar  a esto le ocurrió a Albert Casals, un joven barcelonés de 18 años  a quien una leucemia infantil le postró para siempre en una silla de ruedas.

Casals no quiso que esta situación frenara sus ganas de conocer mundo y decidió, con poco dinero y la inevitable compañía de sus dos grandes ruedas, dar la vuelta al mundo en un difícil pero apasionante viaje de superación personal. Empezó a viajar siendo menor de edad y sus padres le tuvieron que hacer un permiso para que pudiera cruzar las aduanas sin ningún tipo de problemas. Pese a los miedos y a las dudas iniciales, sus padres acabaron cediendo para que su hijo cumpliera el sueño de su vida, recorrer todos los continentes tras años y años de haber pasado una infancia completamente diferente al resto de los niños. Se lo merecía.

Ha viajado por países como Francia, Italia, Holanda, Reino Unido, Alemania o los países nórdicos. También por el sureste asiático, casi toda Latinoamérica y Japón. Asegura haber convivido con ladrones, mafiosos y traficantes de drogas y que “nunca me ha pasado nada malo”, ha declarado. Durante los cuatros años de trayecto, fue escribiendo innumerables diarios personales, sobrevivió con 3 euros al día y realizar autostop, fue la manera ideal para poder llevar a cabo el mayor número de viajes.

Al volver a su Barcelona natal escribió “El món sobre rodes” (El mundo sobre ruedas) y una propia página web, donde este chico de pelo azul y amplia sonrisa confesó que la máxima finalidad de este viaje era la búsqueda de la felicidad en su vida. El conocer gente nueva, “personas totalmente diferentes a las de aquí”, como Casals declaró, era sin duda uno de sus máximos objetivos.

Su viaje empezó en Bruselas y Albert, asegura, nunca tuvo miedo porque “todas las personas tienen algo bueno”. Con esa confianza acabó volviendo más de 1.000 días después a su residencia catalana. De su viaje dice que lo que más le sorprendió fueron las islas griegas, países como Colombia y Perú o unos narcotraficantes que le llevaron en lancha para cruzar caudalosos ríos. Ahora, solo le falta África y espera que la vuelta por este continente no tarde mucho en llegar.

Sergio Delgado – redactor www.alasviajeras.com