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Namibia y el misterio de la costa de los esqueletos

2.000 aterradores kilómetros de costa forman este misterioso punto del mapa sudafricano, donde predomina la arena del desierto y los restos de animales muertos y embarcaciones que un día, a propósito o por error, se aventuraron en surcar sus bravas aguas.

Desde tiempos inmemoriales, los navegantes y comerciantes que han surcado los diferentes océanos han sorteado mil y un impedimentos que el mar les ha puesto delante. O al menos, lo han intentado. El auge del comercio marítimo en la Edad Media supuso toda una revolución para las potencias de la época, pero también la proliferación de piratas que acechaban a las, por aquel entonces, primitivas embarcaciones. Pero éstas no solo tenían que hacer frente a estos delincuentes al acecho, también a las fuertes rachas de viento, las grandes olas y las tortuosas tormentas que alentaban el primitivo estado de las aguas.

Sea por ataques de terceros o por inclemencias de la meteorología, los marineros han ido marcando en sus mapas aquellos puntos negros donde, si es posible, ni acercarse. Eternas leyendas, historias oscuras y macabras experiencias que han alimentado la crónica negra de determinados puntos repartidos por los diferentes océanos. Pero si hay uno que destaca sobremanera esta es la llamada costa de los esqueletos. Se trata de una gran extensión de costa salvaje entre Namibia y su salida en el Atlántico Sur, donde han ido a morir un gran número de embarcaciones sin que se supiese, al menos en la mayoría de las ocasiones, qué fue de sus tripulantes.

La fría corriente de Bengala, que tiene su origen en el ascenso a la superficie de aguas de temperaturas muy bajas desde el fondo del mar producidas por la inevitable rotación de la tierra, provoca una densa niebla en el mar que hace sea casi imposible la navegación y, mucho menos, poder atisbar la presencia de la costa u otras embarcaciones. Este fenómeno también proporciona un clima desértico a las costas de este país sudafricano, ya que hace disminuir de forma considerable las precipitaciones durante todo el año. El resultado es un paisaje desolador donde únicamente predomina el marrón de la arena.

Pero esta no es la única presencia en este lado de África. Salir al mar, se convierte en toda una osadía, un paseo costa y desierto arriba por el litoral huyendo del gran oleaje y siendo testigo de un elevado número de embarcaciones y osamenta de animales muertos que, no se sabe cuándo acabaron sus días en estas costas. También el resto de fábricas abandonadas de cuando la explotación de diamantes resultado ser un fracaso en esta parte del mundo. Para los más osados, un paseo en globo por la costa de los esqueletos ofrece un intrigante y mortífero espectáculo acuciado por la soledad del desierto de Namibia, que ha declarado una zona contigua de 16.000 km² como parque nacional y que comprende desde la desembocadura del río Ugab, en el sur, hasta el río Kunene en el norte. Alguno de los lugares más destacados son los castillos de arcilla de los Hoarisib, la montaña de ágata, y la gran colonia de pinnípedos en cabo Fria.

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Sergio Delgado – redactor de www.alasviajeras.com