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Un país desconocido llamado Niue

Rodeado de coral, vive Niue, en pleno Océano Pacífico. Sus vecinos más cercanos se encuentran a 600 kilómetros y, de momento, la industria y el turismo han pasado de largo en un país que intenta atraer a nuevos visitantes para poder sobrevivir. El 80% de su población sigue siendo aborigen.

Está en medio de la nada. Se encuentra rodeado de agua y más agua. Y tiene a su vecino más cercano a 600 kilómetros. Pocas personas son las que lo han visitado y es que el turismo salvaje y más recóndito también ha pasado de largo para él. Niue, es uno de los países más aislados del mundo y también de los más desconocidos. Situado en el sur del Océano Pacífico, en el continente de Oceanía, tiene solo 4.000 habitantes y 2.400 kilómetros le separan del primer gran estado al que puede acceder por proximidad, Nueva Zelanda.

Los deportes acuáticos, el turismo y las bellas playas de las islas de Tonga, Samoa y Cook, mucho más populares que Niue, le quedan lejos. Niue vive en un mundo aparte, en una existencia tranquila, sin sobresaltos y pendiente, casi en exclusividad, de sus propios recursos naturales. Sus gentes se dividen en 14 pequeñas villas, agrupadas en dos regiones tribales, los Motu y los Tafiti, desigualmente pobladas -por ejemplo en Toi, al norte, solo viven 31 personas, eso sí según el último censo que data del 2001. La cifra ha podido bajar considerablemente en un país que lleva perdiendo población desde hace mucho tiempo-.

En el siglo X llegaron los primeros pobladores, procedían de la isla de Tonga, eran polinesios con ganas de vislumbrar otras islas. En el siglo XIV, hicieron lo propio los de la isla de Samoa y en la segunda mitad del siglo XVIII, los primeros colonos oficiales de la mano del británico aventurero James Cook. Éste la calificó, al llegar, como la “isla salvaje”, y tras encontrarse con una población extremadamente violenta y defensiva. A principios del siglo XX, la Sociedad Misionera de Londres llegaría en son de paz e incluso parte de la población apoyaría más tarde a Nueza Zelanda en la I Guerra Mundial.

Estado natural

Independiente de este último país desde 1974, es una de las islas con más coral del mundo aunque sus playas no son destacables lo que ha echado para atrás cualquier atisbo de vivir de un potente turismo. Un arrecife de coral rodea a Niue, que presume de unos acantilados de piedra caliza a lo largo de la costa elevados cerca de 60 metros sobre el nivel del mar.

Tan solo dos vuelos semanales conectan a Niue con la civilización desde su diminuto aeropuerto, uno desde la ciudad de Auckland en Nueva Zelanda y otro desde Apia, en la isla de Samoa. ¿Cómo subsiste su pequeña población? Gracias a la agricultura, la pesca, las ayudas del gobierno de Nueva Zelanda y gracias a pequeñas fábricas que procesan maracuyá, petróleo, miel y coco. No hay más. Niue quiere atraer a empresas extranjeras y al turismo, pero le sigue costando. Su posición geográfica parece como ubicada en otro planeta y su población, sigue siendo en el 80% aborigen. En la parte positiva, a Niue no han llegado enfermedades como la malaria o el SIDA, solo alguna de las más importantes, lo recuerda al estado tan natural que vivían los habitantes del nuevo mundo antes de la llegada de colonos.

La música, la danza o el rugby son los pasatiempos preferidos de sus habitantes, donde 20.000 nacidos en la isla ya han salido de ella camino a otros países de su continente. Su idioma es el niuano, uno de los más desconocidos y menos hablados del mundo.

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Sergio Delgado – redactor de www.alasviajeras.com