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Un piloto suizo vuela con alas el Monte Fuji

Se trata de Yves Rossy un piloto aficionado a la aviación y a los inventos que ha conseguido avanzar en el desarrollo de unas alas a reacción ya fabricadas en la Segunda Guerra Mundial. Se convierte así en el primer hombre en “volar” con éxito sin ayuda de una aeronave.

Tiene varios apodos. Para unos es “el hombre cohete”, para otros “Fisionman” y así hasta una decena de nombres bautizado por curiosos y medios de comunicación. La hazaña de Yves Rossy ya ha pasado a la posteridad y su viaje extraordinario le ha convertido en el primer hombre cohete de la historia. Y eso, sin un sofisticado artilugio que le haya ayudado a coronar tal éxito.

Yves, suizo y piloto de profesión, ha trabajado para la Fuerza Aérea Suiza, pilotando grandes aviones como el Dassault Mirage III, el Northrop F-5 Tiger IIs y el Hawker Hunter. Pero no solo eso, a lo largo de su vida profesional también ha pilotado potentes aeroplanos de dimensiones espectaculares como el Boeing 747, de la exigua compañía aérea Swissair. En la actualidad, a sus 54 años conduce un Airbus A320 que cubre el trayecto entre entre Zurich y Heathrow para Swiss International Air Lines.

Entusiasta de la aviación y también de la invención, Yves ha sido el primer hombre capaz de poder volar y con éxito gracias a unas alas sujetas a sus espaldas y que funcionan mediante reacción. Y lo ha hecho comprobándolo volando alrededor del Monte Fuji  de Japón -3.776 metros de altura- durante nueve vuelos entre el 28 de octubre y el 3 de noviembre, como homenaje por el aniversario del nombramiento de este famoso lugar como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

No es la primera vez que realiza tal hito. Voló por primera vez sobre los Alpes en 2008 y más tarde sobre el Gran Cañón, el Canal de la Mancha y Río de Janeiro, ¡casi nada! Para ello ha utilizado un jetwing, que cuenta con cuatro motores y que con un peso de 55 kilos, llega a alcanzar una velocidad de 200 km por hora. Estos aparatos son muy antiguos, ya que su invención -aunque no su puesta en marcha- data de la Segunda Guerra Mundial. En los años 30, se empezó a trabajar en la confección de esta especie de cinturones que permiten vuelos estables y prolongados.

La única pega es que este jetwing no permite despegar ni aterrizar, por lo que primero se debe saltar desde un helicóptero y luego usar un paracaídas para retornar a salvo al suelo. Pata aterrizar se debe ayudar de una aeronave y de varios paracaídas. Yves ya se encuentra trabajando en una nueva versión que permita aterrizar e incluso hacer acrobacias para el deleite de los curiosos.

Sergio Delgado – redactor www.alasviajeras.com